Peso deseable en la población

El peso corporal y el estado de salud se encuentran en estrecha relación. Tener un peso deseable disminuye los riesgos para la salud, que se presentan tanto en el bajo peso como en el sobrepeso. El peso, además de la actividad física y la edad, constituye el principal determinante en las necesidades nutricionales, especialmente en energía y proteínas, por lo que se hace necesario utilizar un peso corporal deseable, para calcular las recomendaciones nutricionales con fines normativos.

Peso deseable en la población

Se ha señalado que a partir de los 10 años de edad sería más conveniente relacionar las necesidades de energía con el peso para la estatura y no con el peso para la edad. Se sugiere que, para el sexo femenino, se utilicen preferentemente las cifras de peso para la estatura, correspondientes al intervalo entre el límite inferior y la mediana. Para el masculino se sugiere utilizar la cifra correspondiente a la mediana. En ambos casos se persigue obtener recomendaciones de ingestión de energía con un valor normativo.

El empleo de las recomendaciones nutricionales en la evaluación de la ingestión dietética de individuos aislados, requiere de un análisis integral de todos los factores necesarios para una adecuación individual.

Recomendaciones para la distribución diaria de la ingestión de energía alimentaria.

En la utilización metabólica de la energía de los alimentos no sólo es de importancia la cantidad que se ingiere, sino también la distribución que de ella se hace en las diferentes comidas del día. Esta distribución mantiene íntima asociación con el mantenimiento de un buen estado nutricional y con un rendimiento físico y mental adecuado. De forma general, se presenta una estrecha relación entre el hábito de ingerir pocas comidas al día y el sobrepeso, la hipercolesterolemia, la tolerancia a la glucosa disminuida y las enfermedades cardiovasculares.

De forma general se recomienda distribuir la ingestión de alimentos en una frecuencia de 5 veces al día, con una distribución de la energía total del 20 % en el desayuno, 10 % en cada merienda, 30 % en el almuerzo y 30 % en la comida.

El desayuno debe constituir una de las comidas principales, ya que brinda al organismo la energía necesaria para comenzar las actividades del día. Un desayuno correcto estimula la capacidad de concentración, el nivel de comprensión y la capacidad física.

La comida de la noche no debe sobrepasar el 30 % de la energía, ya que una ingestión excesiva en este horario favorece el desarrollo de la obesidad y puede constituir un factor de riesgo a la aterosclerosis y a los accidentes vasculares.

Para personas de más de 50 años de edad o con tendencia al sobrepeso, se recomienda disminuir la comida de la noche a menos del 25 % de la energía total del día.

El análisis de la productividad por horas en las fábricas señala que, por lo regular, al final de la cuarta hora laboral la capacidad de trabajo de los obreros disminuye al 70 % de la que ellos poseían en la tercera hora, y disminuiría aún más si después de 4 horas no recibieran almuerzo. De ahí la importancia que tiene mantener en la alimentación de los trabajadores un ritmo adecuado. Este aspecto se debe tener también en cuenta en los trabajadores que realizan labores nocturnas, para los que se recomienda el 25 % de la energía en la comida y el 10 % en una merienda posterior a esta, durante la jornada laboral nocturna.

Densidad energética de los alimentos

La densidad energética de los alimentos es un factor de gran importancia para el cumplimiento de las recomendaciones nutricionales. En los niños, principalmente los lactantes, la densidad energética de los alimentos es un factor esencial, debido a la capacidad gástrica limitada, característica de estas edades. Si la concentración de energía es baja, el niño no podrá ingerir las cantidades necesarias, por lo que se recomienda que los alimentos líquidos para estas etapas tengan una densidad energética de 0,60 a 0,75 kcal/mL, y los sólidos y semisólidos de 2 kcal/g.

Las leches descremadas y semidescremadas tienen una densidad energética baja, de apenas 0,4 kcal/mL, por ello se aconseja no sean utilizadas en los niños de corta edad, y muy en particular en los lactantes, cuya única fuente de alimentos es la leche. Estas consideraciones reafirman la importancia de la lactancia materna como la forma óptima de alimentación para el lactante.

Recomendaciones para la ingestión de proteínas

 “Las necesidades proteínicas de un individuo se definen como la dosis más baja de proteínas ingeridas en la dieta que compensa las pérdidas orgánicas de nitrógeno en personas que mantienen el balance de energía a niveles moderados de actividad física. En los niños y en las mujeres embarazadas o que lactan, se considera que las necesidades de proteínas comprenden aquellas necesidades asociadas con la formación de tejidos o la secreción de leche a un ritmo compatible con la buena salud” (Comité de Expertos FAO/OMS/UNU, 1985).

La necesidad de proteínas tiene 2 componentes principales: los requerimientos totales de nitrógeno y los de aminoácidos esenciales, de manera que una dieta puede ser deficiente en la cantidad total de proteínas, en su calidad o en ambas.

Peso deseable en la población

Dentro de un intervalo determinado de edad, las necesidades de proteínas por unidad de peso corporal se consideran constantes. Por lo tanto, la expresión

primaria de las necesidades proteínicas está dada en gramos de proteínas/kilogramo de peso corporal.

Se considera que las necesidades proteínicas de los adultos por kilogramo de peso corporal son las mismas para ambos sexos, en todas las edades y pesos corporales que se encuentren dentro de un margen admisible. El valor aceptado como dosis inocua para adultos es de 0,75 g/kg de peso corporal/día. La ingestión de proteínas por kilogramo de peso corporal estimada como la dosis inocua, se refiere a proteínas por kilogramo de peso corporal, se refiere a proteínas muy digestibles y que proporcionan cantidades suficientes de aminoácidos esenciales, como son las proteínas presentes en el huevo de gallina, la leche de vaca, la carne y el pescado.

Cuando se consumen dietas que contienen proteínas diferentes a las utilizadas como referencia, es necesario considerar su digestibilidad y combinación de aminoácidos esenciales, lo que puede hacer necesario, en algunos casos, un incremento en las recomendaciones de proteínas.

Las recomendaciones para la ingestión diaria de proteínas se calculan en el 12 % dela ingestión total de energía (1 g de proteína aporta, como promedio, 4 kcal/16,7 kJ).

Para el niño de hasta un año de edad, se establecen las recomendaciones a partir del cálculo del 10 % de la energía total, ya que la mayor fuente de proteínas en estas edades es la leche, alimento que se utiliza como referencia para establecer las dosis inocuas.

Para garantizar un suministro adecuado de todos los aminoácidos esenciales, se recomienda que las proteínas de origen animal aporten el 50 % del total de proteínas. En el niño menor de 1 año, el aporte de las proteínas de origen animal será el 70 % del total de proteínas.

Mezclas de proteínas y su capacidad para abastecer las necesidades del ser humano

la obligatoriedad del aporte exógeno de los 11 aminoácidos esenciales, que no pueden sintetizarse en el organismo, y por una necesidad adicional de nitrógeno no esencial que puede asimilarse en forma de aminoácidos o también por otras fuentes nitrogenadas que no provengan de ellos.

La calidad de una dieta para abastecer las necesidades de proteínas está determinada por el grado de semejanza que exista entre la composición aminoacídica de la dieta mixta y los requerimientos de aminoácidos y de nitrógeno del organismo. De hecho sucede que mediante la combinación de proteínas suelen lograrse mezclas aminoacídicas de más calidad, por ejemplo, la combinación de las leguminosas y oleaginosas con los cereales.

Relaciones entre las necesidades de energía y proteínas

Un exceso en la ingestión relativa de proteínas en una dieta baja en energía empeora el balance energético del organismo, por la demanda adicional de energía que requieren los procesos de síntesis y catabolismo de las proteínas. En consecuencia, el balance energético del organismo es un factor importante para determinar el balance de nitrógeno e influye en la utilización de las proteínas dietéticas.

Recomendaciones para la ingestión de proteínas en el embarazo y la lactancia

Las recomendaciones de ingestión diaria de proteínas para la embarazada y para la madre que lacta se calcularon a partir del 12 % de la ingestión de energía adicional recomendada para estos estados fisiológicos.

En la embarazada con actividad normal se recomienda una adición de 9g de proteínas al día, mientras que aquella con una actividad reducida se le adicionan 6 gramos/día. Para la madre que lacta, durante todo ese período se recomienda una adición de 15 gramos de proteína al día.