La información confidencial

 

Solo será absolutamente sincero si tiene la completa seguridad de que el profesional que le atiende busca ante todo su interés.

Ciñéndonos al tema de la consultoría, de la cual la de formación es una rama, la primera norma es no revelar el nombre de la empresa cliente a otras personas, a no ser que estemos expresamente autorizados para ello. Este sigilo se concreta en no publicar el nombre de la empresa cliente en anuncios, folletos, página web, etc.

La segunda norma es no referir a otros clientes o en el transcurso de nuestras conversaciones normales con terceros, información que hemos recogido en la empresa cliente en el curso de nuestra actividad. Esa información reservada puede haber sido confiada por la propia empresa, pero también por los participantes en los cursos de formación, que, en el transcurso de juegos didácticos, resolución de casos o diversos ejercicios, difunden información acerca de su propio trabajo no destinada a nosotros, pero que no podemos evitar escuchar.

En nuestra vida profesional hemos contado entre nuestros clientes a varias cadenas de supermercados y siempre hemos seguido la norma de no referir a unos los procedimientos de otros, a no ser que esos procedimientos fueran de conocimiento público.

La ética siempre es rentable para quien la practica. Pero lo es solo a largo plazo. Nosotros hemos perdido algún cliente por no acceder a revelarles información de otros competidores por la que nos preguntaban. Si hubiéramos sucumbido a la petición, el resultado hubiera sido que, de momento, estarían muy contentos con nosotros y con el valor que les añadíamos en forma de información, pero al poco la consecuencia sería que no se fiaran de unos consultores externos que, si no tenían reparos en contarles a ellos información de un competidor, probablemente también serían capaces de revelar la información suya a otros competidores.

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