La evaluación como actividad final. 

La evaluación como actividad final. 

Si el aprendizaje se enfoca en función de una actitud dialogal y por ende cooperativa entre formadores/as y alumnos/as, ya sea en el planteamiento como en la ejecución de las experiencias de aprendizaje, se impone una evaluación permanente. Una estrategia metodológica efectiva requiere dos tipos de evaluación: 

  1. Una constante evaluación formativa «que proporciona la información necesaria para individualizar la instrucción y detectar las deficiencias de aprendizaje». 
  2. Una evaluación sumativa «que proporciona información acerca de cómo han cambiado los/as alumnos/as con respecto a los propósitos del curso». 

 La evaluación como actividad final

«El propósito primario de la evaluación sumativa es calificar a los/as alumnos/as de acuerdo con su rendimiento, teniendo en cuenta los objetivos propuestos (evaluación como congruencia           objetivos-resultados), de allí que su sentido real sea final». Este replanteamiento de las concepciones de evaluación trae aparejado una modificación de las políticas y prácticas de las calificaciones  tendentes a diseñar y emplear procedimientos de evaluación formativa como «medida de control de calidad» del progreso del aprendizaje. «El problema no consiste en separar a los/as alumnos/as sino en asegurarse de que todos en efecto aprenden hasta lograr los niveles esperados». 

 

La evaluación debe facilitar la toma de decisiones. 

La evaluación como actividad final reviste el carácter de fallo fiscal en sí misma; carece de valor orientador y motivador. El/la alumno/a no modificará su aprendizaje ante un plazo ni ante un «debes ser más aplicado». Por el contrario, el conocimiento gradual y acumulativo de los/as alumnos/as es un recurso de sondeo de la situación que «provee información para emitir juicios y adoptar medidas de acción en situaciones en las que hay que tomar decisiones. Una decisión es una elección entre alternativas y una situación de toma de decisiones entre un conjunto de alternativas». 

Una oportuna decisión del grupo y/o formador, ya sea para volver a revisar lo planeado o reajustar los procedimientos de enseñanza, podrá dar elementos correctivos útiles. Es obvio que no pueden esperarse los resultados de las pruebas realizadas en el curso para redefinir los objetivos. 

 La evaluación como actividad final

La evaluación como feedback. 

Concebir la evaluación como proceso y admitir el valor de la evaluación formativa sumativa, involucra la intrínseca necesidad de identificar la educación con el proceso de comunicación, cuya característica esencial es la reversibilidad, retroalimentación o feedback. El acto de comunicación exige un constante cordón de transmisión viva que supone la ruptura de la dicotomía               alumno/aformador. 

La evaluación como diagnóstico-tratamiento. 

La función explorativa de la evaluación permite determinar las necesidades de los/as alumnos/as y las demandas de objetivos. La función de diagnóstico de la evaluación permite obtener información acerca de la estimación de necesidades, la selección y organización de experiencias, la elección de material didáctico, etc. 

En síntesis, poder controlar la marcha del proceso. La función de pronóstico permite interpretar los logros y presentar alternativas de acción. 

La evaluación como información para la toma de decisiones. 

En educación se toman decisiones de distinta naturaleza que emanan de diferentes fuentes: autoridades políticas, autoridades administrativas, autoridades docentes (profesores, ayudantes, formadores, etc.) y los/as alumnos/as organizados/as (organizaciones estudiantiles, asambleas, etc.). La evaluación al servicio de la toma de decisiones asume su rol natural, dándose en diferentes niveles según lo que se pretende lograr. 

Por ejemplo, se pueden tomar medidas que deriven de la realidad socioeconómica; esto origina decisiones institucionales que deben traducirse en objetivos como respuestas a las necesidades del diagnóstico socioeconómico. 

De las funciones de la evaluación y de las características antes mencionadas se desprende que ésta constituye un proceso integral que abarca el progreso académico del/la alumno/a (información, conocimientos, interpretación, etc.) y sus actitudes, intereses, hábitos de trabajo, etc. 

En síntesis la evaluación es: 

  1. «Un proceso que incluye una gran variedad de evidencias además de las pruebas». «Un método de adquisición y procesamiento de las evidencias necesarias para mejorar el aprendizaje y la enseñanza». 
  2. «Un sistema de control de la calidad en el cual puede ser determinado en cada etapa el proceso de enseñanza-aprendizaje, si éste es efectivo o no, y si no lo es, qué cambios deben realizarse para asegurar su efectividad». 
  3. «Un instrumento de la práctica educativa que permite comprobar si los procedimientos utilizados son igualmente efectivos en el logro de los fines educativos». 

 La evaluación como actividad final

 Los diez principios de la evaluación. 

La evaluación adquiere cada día mayor relevancia en los procesos y acciones de enseñanza-aprendizaje, al constituir en sí misma un proceso, o subsistema, que afecta en todos los sentidos al que se desarrolla hacia el logro de los objetivos. No puede existir sistema de aprendizaje sin mecanismos de feedback, o lo que es lo mismo, sin evaluación continua. Por esta razón cada día con más fuerza, los/as formadores/as de todos los niveles de la enseñanza, deben prepararse para ser evaluadores, aprendiendo y comprendiendo la importancia que el problema posee en el marco de cualquier acción formativa o educativa. 

 La evaluación es una nueva situación de aprendizaje. 

Una nueva concepción de la evaluación, supone un cambio de mentalidad en la relación formador-alumno/a: aceptar la evaluación es una nueva situación de aprendizaje. Esto supone que es necesario trascender los conceptos tradicionales y sobre todo cambiar de formas de actuación en las aulas. Con alumnos/as adultos/as, relacionados con la Formación Profesional Ocupacional, el desafío se hace mucho más evidente y la solución del problema absolutamente imprescindible. 

Es necesario en primer lugar diferenciar claramente los conceptos de evaluación, examen, control, medición, calificación, etc. La evaluación continua los engloba a todos, siempre que formadores/as y alumnos/as definan, entiendan, deseen y se esfuercen en lograr un cambio de actitudes. 

Es muy fuerte el impacto que décadas de exámenes, oposiciones, controles, etc., han dejado en la sociedad como para que resulte fácil un cambio rápido y eficaz en la cultura evaluadora del sistema educativo. No obstante, le eficacia que nos pide el cambio tecnológico y laboral, exige al mismo tiempo un radical cambio de actitudes y de métodos que logren que los controles de calidad de programas, contenidos, logros y procedimientos, afecten a todos los componentes del sistema educativo. 

El/la alumno/a debe integrarse en todo el proceso, incluidos los controles, exámenes y pruebas, con el fin de participar plenamente de su propio aprendizaje. Es necesario por ello que distinga entre lo que es la evaluación como búsqueda de información, como almacenamiento de la información, utilización de lo almacenado, interpretación de los datos, nota, calificación, informes, recuperaciones, y en fin lo que es la mejora o reorientación del proceso.