La ética de la formación

Después de tantos años estudiando la ética, he llegado a la conclusión de que toda ella se resume en tres virtudes: coraje para vivir, generosidad para convivir, y prudencia para sobrevivir. FERNANDO SAVATER

La ética en la formación es una cuestión delicada, delicadísima. Para empezar, el formador está ofreciendo un producto intangible, susceptible de ser valorado de formas diferentes por el auditorio. Cuando uno empieza en el mundo de la formación, no sabe en la selva en la que entra, en los mundos en los que está introduciéndose, en los que a cada paso puede encontrarse con colegas sin escrúpulos que no tomen en serio su trabajo.

A lo largo de estos años hemos encontrado algunos pseudoprofesionales que poco contribuyen a dignificar este oficio. Formar a alguien es darle conocimientos y herramientas que mejoren su trabajo. Y para ello, el formador, con la honestidad del que busca la verdad de las cosas, debe saber algo más que los formandos. En estos años hemos acuñado una serie de principios (que hemos denominado leyes, con la ilusión de que sean tomadas más en serio) para el formador o, al menos, para todo aquel que se decide a impartir un curso, sea habitual o esporádicamente, y que compartimos en estas líneas:

  1. Ley del bypass. Respete a quien le contrató. Hay formadores que reparten su tarjeta de visita al final de las sesiones, promocionan directamente su consultora o su empresa de formación y puentean descaradamente a la empresa o institución que les contrata. Una regla de oro de la formación es: no quiera hacer negocio en un curso a costa de quien le consigue un puesto en el mismo. Siempre que quiera mantener una relación con alumnos y participantes cuya relación pueda ser interesante recíprocamente, hágaselo saber amablemente a quien se los presentó.15

Ley de la fuente. Cite la fuente de la que se nutre. Una de las

  1. costumbres más arraigadas es usar presentaciones, ejercicios, documentos y materiales que se han logrado de una forma, llamémoslo así, poco elegante. Sin entrar a considerar el trabajo que lleva aparejado preparar materiales para una sesión, lo cierto es que hay personas que se limitan a reproducir presentaciones de otros.
  2. Ley del portavoz. Diversifique. No se base en un solo autor o de un solo libro para preparar su sesión. En muchas ocasiones, usted se puede acabar convirtiendo en un portavoz del autor y su charla no será más que una recensión del libro del que tanto habla. Porque ¿es ético ganar dinero contando un libro… de otro?
  3. Ley del loro. No repita nada que hayan dicho otros salvo que a) forme parte de su esquema de explicación y necesite dicho argumento para demostrar o refutar, b) sea un apoyo para decir al auditorio lo que quiere decir o c) ilustre con una frase o cita su explicación. La originalidad es lo que, a largo plazo, va a hacer de usted un profesional creíble y, por tanto, valorado.
  4. Ley de las dos horas. Hable solo de lo que sepa. No acepte hablar sobre un tema que no conoce. Hace años, el ministro asesoraba al candidato: Se te nota todavía inseguro. Has cometido un par de errores (…), pero son chorradas. Lo que tú necesitas saber para esto son dos tardes. Los gestores de la formación, a veces por circunstancias inconfesables, requieren completar el curso con un formador conocido, asequible y probado. ¿Y qué hacen? Llamarle a usted para que les saque del atolladero. Niéguese a ello siempre que no quiera ver dilapidado su crédito.
  5. Ley del Facebook. Sea original. No explique generalidades buenistas. Le pagan para enseñar. Muchos formadores se nutren de frases indemostrables que están al alcance de cualquiera sobre la paz, el trabajo en equipo, el liderazgo, la motivación y el amor universales, y confunden soterradamente a su auditorio con frases cuya demostrabilidad en la práctica diaria es inversamente proporcional a su corrección política.
  6. Ley de Henry Ford.16 Seleccione a los mejores. Es esta una variante de la ley de las dos horas. En este caso, usted decide sacrificar profesionalidad por cercanía, e invita a todos sus amigos y conocidos

a impartir clases en ese máster tan bien pagado por la institución. ¿Qué aprendizaje serio puede obtener el participante de un formador poco cualificado?

  1. Ley del tiempo de descuento. Use los ejercicios y dinámicas para completar y ejemplificar las explicaciones. No pierda el tiempo con muchos ejercicios que le eviten el esfuerzo de una explicación. Hay formadores que utilizan el trabajo en equipo para dejar correr el tiempo y percibir los honorarios por hora tan ricamente.

Recuerdo aún esa institución que me invitó a impartir un curso de negociación. No te preocupes –insistía su responsable para que yo aceptase–, no tienes que preparártelo desde cero. Te vamos a facilitar la documentación de apoyo que se repartirá a los participantes para que saques ideas de esta.

Cuál no sería mi sorpresa cuando todas las páginas de esa documentación llevaban en su encabezamiento, en hermosas letras que alguien no se había preocupado de eliminar, mi propio nombre. (C)

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