Introducción pedagogía

La pedagogía es la disciplina que trata de la educación del niño (país/paidós, niño en griego).2 La educación del adulto se conoce con el nombre de andragogía (de aner/andrós, hombre en griego),3 la disciplina que se ocupa de la educación y el aprendizaje del adulto, a diferencia de la pedagogía, que se aplica a la educación del niño.

El sujeto de la formación empresarial tiene dos características más notables que lo distinguen de los estudiantes convencionales: la diferencia de edad con estos y el hecho de poseer experiencia.

La edad está considerada como un factor de degeneración de algunas facultades mentales, notoriamente de la capacidad de memorización. Un niño pequeño puede aprender como un magnetófono, listas de palabras cuyo sentido se le escapa por completo; pero un adulto precisa que lo aprendido tenga sentido para él, y además que perciba que le va a ser útil para algo: para realizar mejor su trabajo, para aspirar a un puesto más importante, para incrementar sus ingresos… Por consiguiente:

  • el material que ha de ser aprendido deberá organizarse en un orden lógico;
  • será todo él relevante;
  • se prescindirá de lo superfluo;
  • se presentará utilizando medios audiovisuales;
  • se privilegiará el trabajo y la discusión grupal, que favorecen la retención;

se utilizará la repetición (¡pero repetición amena!) como afianzamiento de lo aprendido;

  • y se precederá siempre de una motivación en la que se indique claramente para qué sirve dicho material, y qué ventajas adquirirá el formando si lo aprende.

Por otra parte, el formando no tiene mucho tiempo para estudiar fuera del tiempo de contacto formador/formando, y no es probable que esté dispuesto a hacer sus deberes en casa. Por consiguiente, la formación, en principio, debe prescindir del estudio o preparación fuera del aula. Sin embargo, a veces es necesario infringir esta regla general como consecuencia de la aplicación del principio de individualización de la enseñanza que se expondrá en otro lugar.

Como es probable que el adulto no sea muy ducho en tomar apuntes, deberá dársele una documentación fotocopiada, posiblemente fotocopias de las propias diapositivas que el formador utilice en su exposición, sobre las que siempre le será posible tomar alguna nota ocasional. También es posible agregar copias de algún artículo de revista sobre el tema de que se trate, cuestionarios de autoevaluación, etcétera. Además, habrá de entregársele una carpeta de anillas para guardar el material, un bolígrafo, papel en blanco para anotaciones, pendrive con documentación adicional, enlace web para descargar el material, generalmente en formato pdf…

Como, además, el adulto está acostumbrado al trabajo en equipo, se favorecerá la resolución de casos y supuestos en grupos pequeños (mínimo, cuatro personas; máximo, ocho, con un número óptimo de seis participantes). En los grupos, bajo la dirección de un coordinador, elegido por los propios participantes, se redactarán unas conclusiones que serán aportadas posteriormente al plenario en la puesta en común.

El adulto posee una experiencia previa, no es la tabula rasa que suelen ser la mayor parte de los estudiantes más jóvenes; por consiguiente, tanto la estructura física del aula (en la que se prefiere la estructura en U o en espiga, a la alineación en filas paralelas) como el clima abierto de participación deben favorecer la libre expresión de comentarios, aportaciones, preguntas… y también de disensiones.

El saber ya algo, por una parte, favorece el aprendizaje, porque no se parte de cero, pero por otra lo dificulta, porque los nuevos contenidos pueden chocar con las convicciones y experiencias previas. Por ello, el formador tiene que tener un argumentario preparado para responder a las objeciones que se prevé puedan presentarse.

El hecho de que el adulto no suela conceder un excesivo valor al argumento de autoridad es una razón de más para preparar demostraciones prácticas y razonamientos que sirvan para contestar objeciones.

Por otra parte, los adultos rechazan, en general, la competencia con los demás compañeros, y prefieren competir consigo mismos, salvo en el caso de que estén realizando juegos y dinámicas; por tanto, las notas o calificaciones, al igual que todo sistema de jerarquización dentro del aula, etcétera, están completamente proscritos.

En el párrafo anterior afirmábamos que las evaluaciones y jerarquizaciones en la formación continuada de adultos deben ser evitadas. Sin embargo, también es cierto que el ser humano tiene un afán innato de emulación. Por tanto, parecería adecuado dar un reconocimiento a esa pulsión.

En los cursos de liderazgo que hemos impartido se ha introducido a menudo un ejercicio por equipos de tres participantes, en el que se trata de aplicar la teoría de liderazgo de Paul Hersey y Ken Blanchard. Con el fin de estimular el interés y excitar la competitividad entre equipos anunciábamos que los tres componentes del equipo ganador recibirían como premio sendos duros de plata españoles.4 Cuando terminaba el ejercicio el primer grupo, interrumpíamos para anunciar que ya había un equipo ganador, pero que el segundo equipo ganador recibiría también idéntico premio. Cuando el segundo equipo terminaba el ejercicio, se interrumpía de nuevo para anunciar que había un segundo equipo ganador, pero que el tercer equipo victorioso también recibiría el mismo premio, y así hasta que todos los equipos eran premiados. (L)

Cuando se entregaban los trofeos a todos los participantes, estos podían observar que el premio era igual para todos, con un pequeño matiz, en los estuches de plástico que envolvían los tres duros de los componentes del equipo ganador, además de la frase que figuraba en todos (El saber vale más que el oro y la plata) figuraba la palabra CAMPEONES. De este modo:

  1. Se excitaba la competitividad anunciando un premio para los ganadores.
  2. Todos recibían idéntico premio, con el mismo valor monetario.
  3. Los tres miembros del equipo ganador llevaban, como única distinción, que además solo ellos veían, la palabra CAMPEONES.

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Dos duros de plata españoles, el primero se le denominaba de la mano al culo, porque en él se representa España tendida entre los Pirineos y Gibraltar, con la mano izquierda colocada cerca del lugar mencionado, el segundo llamado el Pelón nos muestra a Don Alfonso XIII en su más tierna infancia. Hay que recordar que este rey lo fue desde su nacimiento, ya que fue hijo póstumo de su padre Don Alfonso XII, y hasta su mayoría de edad lo representaba la Reina Regente Doña María Cristina de Habsburgo-Lorena.

Muchos adultos, cuando participan en una acción de formación, experimentan un sentimiento de volver a la escuela. Incluso es posible que, ante lo que para ellos es una situación regresiva, experimenten una regresión psicológica. Para evitarlo, es preciso desescolarizar la situación de aprendizaje. Así, no se habla de alumnos, sino de formandos, participantes o miembros del grupo. Tampoco existe un profesor, sino un formador, ponente, animador, facilitador… No tenemos tarima, que crea una distancia psicológica; el formador, en muchos casos, anima a los formandos a que le tuteen y le llamen por su nombre; desaparece la pizarra negra y la tiza, con fuertes connotaciones escolares, y es sustituida por la pizarra blanca, el flipchart, papelógrafo o rotafolios y los rotuladores gruesos de colores. No hay calificaciones, no hay exámenes formales; la clase o el aula pasa a llamarse la sala de formación, la disposición en filas, como ya quedó dicho, es sustituida por otro tipo de distribución del espacio…, la finalidad de todo ello, como puede adivinarse, es evitar la situación escolar.

En general, puede afirmarse que la metodología de formación de adultos debe ser:

  • activa
  • participativa
  • individualizadora y grupal5
  • con apoyos audiovisuales
  • concreta
  • amena
  • motivadora
  • pertinente
  • relevante
  • encaminada a alcanzar objetivos concretos

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