Empleo en el ámbito laboral.

Empleo en el ámbito laboral.

Las reformas acometidas por el Gobierno desde el inicio de la legislatura tienen entre
sus finalidades la de afrontar los cambios que necesita nuestro modelo productivo para
situar a España en una senda sostenible de crecimiento y generar empleos estables y de
calidad.
La formación profesional para el empleo tiene un papel esencial en la articulación de
esos cambios. Para una recuperación sostenida de nuestra economía es necesario
potenciar el capital humano y su empleabilidad mediante la mejora de sus capacidades y
competencias profesionales. Asimismo, es necesaria una adecuación entre la oferta y la
demanda de cualificaciones, lo que requiere anticiparse a las necesidades demandadas
por las empresas y ofrecer a los jóvenes y a la población trabajadora en general una
formación ajustada a esas necesidades.
El sistema de formación profesional para el empleo en el ámbito laboral ha permitido
la mejora de la empleabilidad y la cualificación de muchos trabajadores de nuestro país
en los últimos 20 años y ha servido para avanzar en la vinculación de la formación con la
negociación colectiva. Además, ha permitido la difusión y universalización de una cultura
de formación que alcanza a más de cuatro millones de trabajadores al año en la actualidad
y a más de 478.000 empresas participantes sólo en la denominada «formación de
demanda».
Ha sido un modelo de gestión compartida entre las Administraciones públicas
(Administración General del Estado y comunidades autónomas) y los interlocutores
sociales, que ha permitido avanzar en la mejora de las competencias profesionales de los
trabajadores y la competitividad de las empresas españolas. No obstante, el sistema ha
puesto de manifiesto determinadas debilidades e ineficiencias que deben abordarse de
manera urgente para dar respuesta inmediata y de una manera más eficaz y eficiente a
las necesidades formativas de los trabajadores y del sistema productivo.
Al respecto, las conclusiones de la Mesa del Diálogo Social, formada por el Gobierno,
las organizaciones empresariales CEOE y CEPYME y los sindicatos CCOO y UGT,
acerca del desarrollo del último Acuerdo de Formación Profesional para el Empleo
de 2006 muestran, entre otras debilidades, la deficiente coordinación del conjunto del
sistema; la falta de una planificación estratégica de la formación profesional para el
empleo; su escasa vinculación con la realidad del tejido productivo, especialmente la
formación de demanda dirigida a la PYME; la no disponibilidad de un sistema de
información integrado; la falta de la evaluación de su impacto; y una definición poco
eficiente del papel de los agentes implicados en el sistema.
Estas carencias han debilitado el sistema de formación hasta ahora vigente para
afrontar los retos que plantea la actual etapa de recuperación económica y las tendencias
que influirán en la dinámica del mercado de trabajo español y de los sectores productivos
en los próximos años.
El nuevo marco normativo se centra en atender la diferente posición, tras el impacto
de la reciente crisis, de los distintos sectores y ocupaciones en el proceso de recuperación
económica; el impacto también desigual de la crisis en el colectivo de jóvenes, que
requieren una atención específica; la tendencia a requerimientos de mayores niveles de
cualificación, sobre todo para cubrir los empleos de cualificación media; la demanda que
el envejecimiento de la población activa tendrá en las cualificaciones necesarias para
cubrir los empleos de sustitución; la coexistencia de altas tasas de paro con la escasez

Empleo en el ámbito laboral.

de oferta de mano de obra cualificada en algunos sectores u ocupaciones emergentes
con elevados niveles de innovación; y el aumento del colectivo de parados de larga
duración durante la reciente crisis, con la consiguiente y necesaria adecuación de su
empleabilidad a las nuevas condiciones del mercado de trabajo.
El actual contexto económico constituye una oportunidad para el cambio. La
Estrategia de Competencias de la OCDE afirma que las competencias se han convertido
en la divisa internacional de las economías del siglo XXI: en una sociedad global, basada
cada vez más en los conocimientos, es necesario invertir en formación y actualizarla
conforme a la evolución constante de los requerimientos de los mercados laborales.
Conseguir mejores resultados exige analizar el perfil de competencias de los trabajadores,
así como determinar y anticipar las competencias requeridas en el mercado, para
desarrollarlas, creando con ello mejores oportunidades de empleo y de desarrollo
económico.
Ante esta situación, en un entorno competitivo, con requerimientos cada vez mayores

Empleo en el ámbito laboral.

de cualificación de los trabajadores y constatados los resultados del binomio empleo-
formación, un modelo productivo de éxito exige un sistema de formación profesional para

el empleo de calidad.
Ello implica un sistema de formación que acompañe a los trabajadores en su acceso,
mantenimiento y retorno al empleo, así como en su capacidad de desarrollo personal y
promoción profesional. Un sistema que promueva la adquisición y actualización de
conocimientos, que mejore las perspectivas de empleo estable y de calidad de los
trabajadores, así como la ventaja competitiva de las empresas y de la economía española.
Para ello, ese sistema debe anticiparse a las necesidades del tejido productivo y constituir
un apoyo a la capacidad innovadora y competitiva de la empresa, a partir de unos
recursos humanos de calidad.