El proceso del aprendizaje

El proceso del aprendizaje

El proceso del aprendizaje

 

Aprendizaje es el cambio en la disposición del sujeto con carácter de relativa permanencia y que no es atribuible al simple proceso de desarrollo (maduración). Como proceso: es una variable que interviene en el aprendizaje, no siempre es observable y tiene que ver con las estrategias metodológicas y con la globalización de los resultados. Hay varias corrientes psicológicas que definen el aprendizaje de formas radicalmente diferentes. Se ha respetado todas las opciones y posiciones, por lo que tienen de valioso y utilizable didácticamente, pero hemos seguido a la que más se adecua a los tiempos y a la Teoría General de Sistemas.

En consonancia con la Teoría General de Sistemas, las corrientes cognitivas del aprendizaje, presentan el modo en el que se desarrolla el aprendizaje individual. A pesar de realizarlo de manera esquemática, es imprescindible que quede constancia del gráfico del aprendizaje y de una somera explicación de sus componentes.

  • Control ejecutivo: Todo lo que se refiere a los aprendizajes anteriores, a la retroalimentación, al estudio de necesidades de los/as alumnos/as y de la sociedad, etc.
  • Entorno: Todo lo que envuelve el proceso educativo.
  • Receptores: Son los sentidos afectados por los estímulos exteriores que permiten recibir la información al sistema nervioso.
  • Registro sensorial: En donde se da la primera codificación, codificación simple o representación.
  • Memoria a corto plazo: En donde se da la segunda codificación o conceptualización.
  • Memoria a largo plazo: En ella se almacenan algunas de las representaciones y conceptualicaciones.
  • Recuperación: Es el proceso por el que sale a flote lo almacenado tanto en la memoria a corto plazo como a largo plazo. Sin este proceso no podríamos tener ningún tipo de comportamiento.
  • Generador de respuestas: Los comportamientos, conocimientos y habilidades recuperadas pueden salir al exterior.
  • Efectores: Los sentidos que permiten que lo almacenado salga al exterior y se manifiesten los comportamientos.

Utilización en las aulas de Formación Profesional de la teoría del punto ciego:

La ventana de Johari (o teoría del punto ciego), tiene una aplicación inmediata en las aulas en las que se forman formadores/as. Independientemente de las virtualidades de la doctrina y de los sistemas terapéuticos de aplicación, en la práctica, mediante Circuito Cerrado de Televisión (CCTV). El punto ciego, clave para desconocerse a sí mismo, es desvelado al autoevaluarse mediante una grabación en vídeo o audio. La visión que normalmente se tiene de uno mismo suele ser en directo, ya sea por percepción propia o mediante espejos, etc. En el caso del video, puede realizarse en diferido, lo que mejora y establece diferente perspectiva, no solamente visual, sino temporal e histórica. Se hace posible, de esta manera, que el/la mismo/a formador/a aplique sobre él mismo los mecanismos de feedback, cuestionarios, baremos, o cualquier otro instru¬mento de recogida de información.

 

  • Área Libre:

Lo que una persona conoce de sí misma, y al mismo tiempo sabe que puede ser conocido por los demás, es lo más abierto de la personalidad, lo que se dispone a la visión de otras personas.

Constituye la base para la interacción y el intercambio. Facilita una comunicación espontánea. Su cuadrante varía en tamaño para cada persona dentro de una línea definida y alrededor de un área determinada que caracteriza y determina su grado de apertura.

  • Área ciega:

Está representada en ella una parte que es desconocida por nosotros mismos, pero que es manifiesta a los demás. Es lo que los otros saben de nosotros pero no nos dicen. Tienen impresiones sobre nosotros, pero no se sienten libres para compartirlas. Solamente recibimos de las personas que nos rodean consejos y sugerencias que son cuidadosamente seleccionados.

Una de las cuestiones más importantes que se plantean es la revelación, por parte de los demás, de una información que no estamos preparados para recibir. Ahí es donde más necesaria se hace la presencia del  feedback.

 

  • Área oculta:

Está representada por nuestros secretos. La representa la información escondida para los demás, pero conocida por nosotros mismos. Es el área de la intimidad, que solamente desvelamos parcialmente, en diferentes momentos a diferentes personas o colectivos. Nunca se abre totalmente.

 

  • Área oscura:

Es el área de nuestras motivaciones inconscientes. Representa factores de la personalidad, de los cuales no somos conscientes.

De modo permanente, la educación –tanto la actividad como la teoría pedagógica– se ha nutrido de los aportes provenientes de la psicología y la sociología, al menos desde que éstas se han constituido como campos científicos. La educación en nuestras sociedades actuales, occidentales, busca provocar una experiencia de la mejor calidad humana, una relación humana de la mejor calidad y riqueza. No todas las experiencias cuentan con similar calidad ni proveen de la misma riqueza o sustancia nutriente de la experiencia. No es lo mismo ser humillado por un/a profesor/a y burlado por los/as compañeros/as que realizar una tarea satisfactoria junto con los/as compañeros/as y merecer la aprobación del/la formador/a.

Existen relaciones humanas (en nuestro caso, entre formador/a y alumno/a) que permiten crecer, que enriquecen, que fomentan la autonomía y otras que impiden crecer, que disminuyen, que forman y mantienen personas dependientes. Habitualmente el/la formador/a actúa en una relación de tipo democrático. En la primera los puntos de contacto se han reducido al mínimo, por lo que por definición, podríamos decir resulta difícil alcanzar una experiencia rica. Experiencia es intercambio. Cuanto más puntos de contacto existan entre los sujetos más posibilidad de experiencia enriquecedora y más posibilidad de crecer.

La educación busca que el sujeto crezca, es decir, tenga experiencias de calidad humana positivas que lo hagan más rico en su conexión con el medio social.

Hace ya varios años, del campo de la Psicología y de la Psiquiatría proviene el Análisis Transaccional (A.T.) que se ha convertido en un aporte de fácil y conveniente inserción en el campo de la educación y en los intereses de los/as formadores/as, por cuanto, al estudiar las relaciones entre las personas (o transacciones) privilegia las que permiten un crecimiento humano sano y buscar eliminar aquellas que bloqueen tal crecimiento. Hay relaciones que son positivas y otras que son negativas.

El creador del Análisis Transaccional, Eric Berne, psiquiatra y psicoanalista, radicado en San Francisco, inicia sus publicaciones sobre el tema en 1957 cuando ya propone su esquema de la personalidad (Padre, Adulto, Niño) y lo denomina Análisis Estructural. El Análisis Transaccional es no sólo una «Teoría» de la persona en relación sino una técnica de tratamiento. Se diferencia del Psicoanálisis clásico tanto en los componentes teóricos que maneja como en la actitud respecto al cambio en la conducta. A Berne le importaba más curar que detenerse en el diagnóstico. Intenta perfilar una teoría de la persona más operativa y que supere las limitaciones conocidas de los tratamientos analíticos. Al respecto dice Kértesz: «El análisis transaccional asigna la mayor importancia a la segunda serie de factores (psicosociales, aprendizaje de conductas en la infancia, mensajes parentales) pero al mismo tiempo respeta la posibilidad de libertad, responsabilidad y cambios por parte del Adulto, si éste toma la decisión de hacerlo, sin considerar al hombre como un títere de sus instintos ni mantenerlo años acostado en un diván para explorar las fantasías de su Niño. Berne acuñó la frase: «Cúrese primero, analícese después».

Y a la gente también le importa cambiar y comprobar que puede modificar sus conductas negativas mucho más que conocer las causas sin que por ello pase nada, o gastar el tiempo buscando explicaciones. La gente quiere estar bien ahora. El análisis transaccional traduce a un esquema conceptual simple y práctico ideas (que guardan cierta similitud pero también cierta distancia) consagradas por el Psicoanálisis clásico.

Berne, en el Análisis estructural -que es el primero y más difundido de los instrumen¬tos o modos para entender y cambiar la conducta- sostiene que la estructura del Yo incluye tres estados (Padre, Adulto, Niño) y que uno actúa desde uno de ellos. Uno actúa con su Padre cuando su conducta es caracterizable como dominante, protectora, enseñante, normativa; con su Adulto cuando analiza, informa, calcula posibilidades y elige cursos de acción, y con el Niño cuando predominan las emociones y las necesidades biológicas. Esta tripartición no es un invento teórico, sostiene Berne, sino que es algo comprobable empíricamente, es verificable y repetible.

Todos -y el formador no es una excepción- nos disponemos a actuar desde uno de esos estados del yo, pero esos estados tienen notas positivas y negativas, por lo que con nuestra con¬ducta negativa o positiva, desde tales estados, estamos invitando al otro a determinado sistema de respuesta. Un Padre perseguidor está fomentando un Niño rebelde, un Padre nutritivo invitará a responder con un Niño libre y creador.

El/la formador/a, en cada momento de su actuación, según actúe desde las diversas modalidades de su P, A, N., estimulará diferentes respuestas en sus alumnos/as y –lo que es más importante– obtendrá o hará surgir experiencias humanas de relación de diferentes calidad. Un/a educador/a que integra sanamente sus tres estados y transita de uno a otro en busca de los objetivos de la relación pedagógica, es decir, que con un Padre protector cubre el miedo al fracaso, la frustración o el riesgo, o el reconocimiento del/la alumno/a de su ignorancia, que con un Adulto sano suministra información sensata y realmente manejable, y que con un Niño no reprimido estimula la transferencia de lo aprendido a otros campos (el momento de la aplicación), resulta un/a formador/a ideal.

 

Formador de formadores: El proceso del aprendizaje