El lenguaje corporal

 

Body language is a very powerful tool.

We had body language before we had speech

and apparently 80% of what you understand in a conversation is read through the body, not the words.

El lenguaje corporal es una herramienta muy poderosa.

Tuvimos lenguaje corporal antes de que tuviéramos habla,

y aparentemente el 80% de lo que usted entiende en una conversación lo lee a través del cuerpo, no de las palabras. DEBORAH BULL

Se ha dicho que el ser humano es un animal que se comunica constantemente y que, de vez en cuando, habla. Y si la comunicación oral es el mejor modo para transmitir ideas y pensamientos, la comunicación no verbal es el camino privilegiado para transmitir sentimientos. Por otra parte, como afirmó un cínico, a todos nosotros nos han enseñado a mentir con palabras, y casi todos lo hacemos aceptablemente bien, pero muy pocos aprendieron a mentir con gestos.

Por todo ello, el estudio y la práctica de la comunicación no verbal en una sesión de formación añade valor a cualquier formador.

De una manera sintética, los puntos de comunicación no verbal cuyo estudio resulta imprescindible para quien pretende mejorar su arte a la hora de realizar presentaciones orales son los siguientes:

  1. El contacto con el auditorio.
  2. La postura y los movimientos corporales.
  3. La apariencia.
  4. Los gestos.

a) El contacto con el auditorio

Cualquiera que sea el tipo y la finalidad de la comunicación oral que vamos a llevar a cabo, existe un imperativo absoluto: implicar al auditorio, y si es posible, hacerlo de manera personalizada. Es decir, cada uno de los miembros de la audiencia debe sentir que se dirigen a él o a ella personalmente.

Esto se consigue preferentemente por medio del contacto visual. Es decir, el orador debe mirar a todas las personas de su audiencia a los ojos en algún momento de su charla. Todos deben tener la sensación de que, en algún momento, el que hablaba se dirigía en exclusividad a él o a ella misma.

El contacto visual con la audiencia no solo es implicador: al mismo tiempo sirve también para proporcionarnos un riquísimo feedback sobre sus reacciones a nuestros mensajes: si escuchan, si comprenden, si están o no de acuerdo con lo expuesto, si desean intervenir…

Existe otro medio de implicación, y es el acercarse físicamente al auditorio.

¿Ha visto usted –seguro que sí– alguna de esas películas norteamericanas en las que aparece un juicio? ¿Y ha observado usted cuando el abogado defensor, o el fiscal, igual da, se dirige al jurado? No se limita a hablarles desde lejos; al contrario, se aproxima, o les mira uno a uno a los ojos, agarra con las manos la barandilla de madera tras la cual están sentados. Incluso adelanta su propio tronco para acortar la distancia física que mantiene con ellos. Todo ello son técnicas no verbales de implicación y de persuasión.

Usted puede elegir entre dar su charla sentado en una mesa, de pie tras la mesa en que tiene el ordenador, o acercarse físicamente a su auditorio. Todo dependerá del efecto que pretenda conseguir.

Para deambular entre el auditorio, lo que es muy implicativo, pero también muy agresivo, usted necesita que la disposición física de las mesas lo permita y gozar de una buena voz, clara y potente.

b) La postura y los movimientos corporales

¿Hablar de pie o sentado? Yo prefiero hacerlo de pie, pero no hay reglas universales. Los griegos representaban a los dioses de tamaño superior al humano, los colocaban en alto y –además– los esculpían con un ángulo facial superior a 90 grados. De este modo transmitían las ideas de grandeza, superioridad e inteligencia.40

Si usted desea mantener su superioridad sobre el auditorio, no lo dude: de pie. Permanecer en pie, cuando todos los demás están sentados, ya es una manera de imponer cierta superioridad. Superioridad que las palabras amables y el gesto suave contribuyen a mitigar.

Ahora bien, si va a estar de pie, tenga en cuenta lo siguiente:

  • Si es usted varón, no permanezca de pie detrás de una mesa corriente, y menos se apriete usted contra ella. Las mesas corrientes suelen tener unos 90 centímetros de altura. ¿Imagina usted lo que el auditorio ve de su cuerpo, inmediatamente encima de la mesa?41
  • Evite ese horroroso baile adelante/atrás que practican algunos profesores, o ese otro semejante al de los seises de la catedral de Sevilla: talones juntos, manos atrás, de puntillas, de talón, de puntillas, de talón.

No se meta una mano en el bolsillo del pantalón (¡mucho menos las dos!), y si hace esto, no se le ocurra revolver en ellos las llaves, la calderilla, o quién sabe qué misteriosos y ruidosos objetos allí guardados.

Si, por el contrario, usted debe hablar sentado, procure acomodarse de tal modo en el sillón que se siente sobre el faldón de la propia chaqueta que lleva puesta. Así evitará que la chaqueta se le suba hacia el cuello, dándole un aspecto de cuellicorto.

c) La apariencia

Se ha dicho que de las impresiones que la audiencia extraiga de un conferenciante en los dos primeros minutos de su presentación depende en gran medida su actitud general. Pues bien, la apariencia es uno de los datos que primero percibimos.

De hecho, las personas nos vestimos de la forma en que queremos ser tratados. Unos se visten de intelectuales, de progres, de yuppies, de jóvenes, de coleguillas… La ropa, completada con el resto de las apariencias: pelo, peinado, barba o bigote, la ropa y el calzado, más los complementos como pueden ser las joyas, los útiles para escribir o fumar, maletines o bolsas de mano, teléfonos portátiles o agendas electrónicas, maquillaje (incluido perfume, y desodorante, cuya presencia –en el caso del primero– y su ausencia –en el caso del segundo– se hacen notar) forman parte de lo que de un modo general, y probablemente abusivo, he denominado apariencia.

Respecto de la indumentaria, no existen normas ni recetas de validez universal, pero sí hay criterios:

  • De mimetismo (Adonde fueres haz lo que vieres). No hay que vestirse igual para un curso dado a auxiliares administrativos que otro dado a un grupo de directivos.
  • De prudencia (más vale pasarse de conservador que de modelno). Si usted duda si le está permitido vestirte de una manera atrevida, entonces más vale que no lo haga.
  • De actualidad. El buen gusto evoluciona con el tiempo, pero antes de adoptar una innovación a la última, espere a que esta moda se generalice un poco. ¡Ah!, y tampoco la mantenga tres años después de cuando esta tendencia surgió. Indefectiblemente todo el mundo pensará que eso lo compró usted en las rebajas.
  • De conjunto. No se puede llevar un traje sin corbata, y el color de esta debe ser acorde con el del traje. Unos zapatos negros pegan con todo…, excepto con un traje marrón. Unos calcetines blancos solo son admisibles con unas zapatillas de deporte. El bolso de una señora debe ser del mismo color que sus zapatos… Esta y otras normas son, quizás, opinables, pero le sugiero que las observe. Hay más gente de la que parece que pueden descalificarle sencillamente porque no conoce usted estas convenciones.
  • De discreción. ¡Qué elegante es su traje!, dijeron a un diplomático; a lo que este respondió: Si se nota que es elegante, entonces ya no lo es.
  • De oportunidad. Si es invitado a dar una charla ante los estudiantes de la universidad en que usted estudió, póngase la corbata o el pin con el escudo de la misma. Con ello conseguirá usted ser considerado como uno de los nuestros. Por otra parte, le recomiendo que se vista usted bien. Y esto sencillamente porque el ir bien vestido le dará a usted más aplomo y mayor seguridad. La radio es un medio de información especial en el que solo importa lo que se oye: la voz, la música y los efectos especiales. Muchos locutores aprovechan este hecho y visten desaliñadamente, pero recientemente uno de ellos me confesó: No siempre conservo la chaqueta puesta, mayormente por comodidad, pero nunca perdono la corbata, y esto lo hago por varias razones: primero, si tengo un invitado en mi programa, debo recibirle como él o ella se merecen, y segundo, yo mismo me encuentro más a gusto si estoy peinado, afeitado y vestido como Dios manda.42

d) Los gestos

Los gestos son, según el Diccionario de la RAE, movimientos del rostro o de las manos con que se expresan diversos estados de ánimo.

Para nuestros efectos vamos a considerar aquí los gestos voluntarios, que son aquellos con que queremos mostrar explícitamente esos movimientos con el fin de causar un determinado efecto en la audiencia, y los gestos involuntarios, con los que podemos quizás transmitir mensajes que no nos favorecen, tales como miedo, nerviosismo, inseguridad, enfado…

Los gestos completan, matizan, enfatizan o contradicen lo que expresamos oralmente. Veamos un ejemplo de cada uno de estos tipos de gestos:

  • Gestos que completan. Pídale a otra persona que le explique lo que es una escalera de caracol, pero no le indique que haga gesto alguno, simplemente pídale que le defina verbalmente lo que es una escalera de caracol. Le apuesto algo a que la otra persona lo primero que hace tan pronto empiece a hablar es levantar el índice de la mano derecha (o de la izquierda, si es que es zurda) y con el índice desplegado realiza un movimiento circular ascendente. A continuación, pídale que le defina algo fofo. Verá cómo pone los dedos de la mano dominante (derecha o izquierda hacia arriba) y los acerca y separa varias veces con lentitud.
  • Gestos que matizan. El otro día estaba yo en una ferretería intentando comprar un determinado artilugio de una marca conocida y prestigiosa. El vendedor carecía del producto de esa marca en cuestión y me ofreció otro alternativo, algo más barato. Le pregunté: ¿Y este producto es de buena calidad?, a lo que el vendedor me contesto resueltamente: Sí señor, es muy bueno. Pero al tiempo que me decía esto hizo un gesto complejo consistente en encogerse de hombros al tiempo que mostraba las palmas de ambas manos, con los dedos separados. Simultáneamente frunció la frente y apretó los labios entre sí. El gesto inequívocamente significaba: Es bueno… pero no tanto como el que usted me pide.
  • Gestos que enfatizan. El gesto es a veces más elocuente que las palabras cuando se trata de expresar una emoción, y tiene la virtud de llegar mejor al auditorio que el discurso más complejo.
  • Gestos que contradicen. La ironía es un recurso retórico que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice. En esencia consiste en realizar oralmente una determinada afirmación, al tiempo que por medio del tono burlón, o del gesto, o de ambos combinados, se da a entender a los oyentes que lo que se dice no debe ser tomado en cuenta textualmente. Normalmente, tan pronto como el auditorio descubre que el orador está ironizando, expresa su satisfacción por su propia agudeza mental con una sonrisa, o incluso riendo abiertamente. La ironía es, pues, un medio retórico que, entre otras cosas, sirve para conseguir un buen rapport con el auditorio.

Paul Ekman y Wallace Friesen,43 investigadores sobre la comunicación no verbal, clasifican así los diversos tipos de gestos:

  • Pictóricos. El movimiento muestra su significado dibujando la imagen de un acontecimiento, objeto o persona. Por ejemplo, gesto de accionar con un martillo (trabajar); dedos índice y medio que se juntan y se separan repetidamente (tijeras); dedo índice sobre el labio superior con el que nos referimos a una persona que lleva bigote…
  • Espaciales. El movimiento indica la distancia o las dimensiones de personas, cosas o ideas. Ej.: Mano en horizontal a una altura media

(un niño);44 el pescador que pone las manos en paralelo para indicar el tamaño del pez que dice haber pescado…

  • Rítmicos. El gesto indica la cadencia, la marcha rápida o lenta con que se lleva a la práctica una idea, un proyecto, un trabajo… Ej.: Con los índices de ambas manos en paralelo, pero sin tocarse, da un movimiento circular más o menos rápido, según se quiera significar el mayor o menor dinamismo de aquello de que se habla.
  • Kinésicos. El movimiento realiza toda o parte de la acción que se describe. Ej.: Mover repetidamente la mano extendida para indicar te voy a pegar.
  • Deícticos. Alguna parte del cuerpo, generalmente la mano o el índice extendidos, pero también el mentón, e incluso la lengua, señalan a algo o a alguien, designando lo que hay que mirar.

Existen algunos gestos, muy comunes, que muchos formadores emplean:

  • Enumerar: Este problema tiene tres soluciones: primera (gesto de mostrar el dedo índice)…, segunda (se saca además el dedo medio) …, y tercera (se saca el dedo anular).
  • Indicar que no se tiene nada que ocultar: Generalmente esta idea se expresa no-verbalmente mostrando las palmas de la mano abiertas.
  • Pedir apoyo o unión: Se expresa generalmente abriendo y cerrando simultánea y repetidamente los dedos de ambas manos hacia arriba. La idea es agrupaos a mi alrededor, hagamos una piña.
  • Sinceridad, honor, integridad: Esta idea suele expresarse llevando la mano derecha al corazón.
  • Precaución: Gesto similar al de ¡alto! dado por un agente de circulación.
  • Afecto, abrazo: Agarrarse ambas manos o cruzar los brazos en diagonal sobre el pecho.
  • Apaciguamiento: Mover una o ambas manos abiertas repetidamente en dirección al auditorio, como indicando calma, calma. El mismo gesto sirve para pedir silencio cuando el entusiasmo del público no permite al orador continuar con su discurso.
  • Negación: El conocido gesto de agitar el dedo índice de la mano dominante.
  • Presentar algo: Una nueva idea, un trabajo, una aportación. La mano dominante se extiende con la palma hacia arriba.
  • Lucha, oposición, firmeza: puño cerrado: El puño no debe levantarse por encima de la cabeza, para que no se confunda con el saludo marxista.

La mayoría de gestos descritos se realizan exclusivamente con las manos y brazos, pero se refuerzan con distintos movimientos de la cabeza, especialmente gestos expresivos o imitativos de la cara, etc.

Como norma general cabe decir:

  • Los gestos refuerzan el discurso oral.
  • Los gestos tienen que ser naturales y no exagerados. Más vale pecar de cierto estatismo que no de histrionismo.
  • Los gestos deben ser oportunos y simultáneos a la idea que refuerzan.
  • Deben proscribirse los gestos que no significan nada, o que traducen estados de ánimo no deseables: (bostezos, tamborileo de los dedos, abrocharse y desabrocharse la chaqueta, rascarse la oreja o la nariz, pasarse la mano por la boca o por la cara, acariciarse la barba o barbilla…).
  • Igualmente son de mal gusto los gestos dogmáticos, tales como hacer oscilar hacia adelante y hacia atrás el dedo índice de la mano derecha levantando la mano más que la cabeza, o dar golpes con este mismo dedo contra la mesa, como si se intentara aplastar a algo o a alguien. Estos gestos son muy habituales en los discursos de los políticos extremistas de uno y otro signo, y en cualquier caso implican ausencia de diálogo, cerrazón ideológica y unilateralidad de las opiniones.
  • Si decide emplear gestos que refuercen su discurso, hágalo con animación y con precisión. Un gesto desangelado o tibio no comunica.

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