Cuente una historia

 

Scrivere è sempre nascondere qualcosa in modo che venga poi scoperto.

Escribir es siempre esconder algo de modo que se descubra después. ITALO CALVINO

¿Ha observado usted a un grupo de niños cuando alguien, cuentacuentos profesional o sencillamente un adulto que se enfrenta con el grupo infantil con la intención de entretenerlos, empieza con la vieja fórmula: Érase una vez…?

Lo que sucede a continuación es mágico, cesan los gritos, los llantos, las risas, los empujones, y la grey infantil, con los ojos abiertos y los oídos aguzados, se dispone a beber las palabras del narrador, olvidando y posponiendo cualquier otra ocupación.

Aparte de este principio tradicional hay muchos otros que causan el mismo efecto: Cuando los animales hablaban…; hace muchos, muchísimos años…; en un lejano país…; hace más de mil años…: cuentan los que lo vieron (yo no estaba, pero me lo dijeron)…; había una vez un rey muy bueno…

Muchos formadores nos autodefinimos sencillamente como «contadores de historias». En muchos casos, narrar una situación con mayor o menor gracia es nuestra ventaja diferencial, nuestro estilo personal. Contar una historia es envolver al auditorio en un clima de cuento de hadas, de regreso a la infancia perdida y añorada.

En el momento que ejemplificamos, narramos una anécdota, contamos una historia, estamos activando la mente del receptor hasta campos ilimitados de la imaginación. Siempre que pueda, querido lector, cree una historia, dote a los programas de vida, de ilusión y de alegría.

En nuestro programa formativo sobre economía de la Unión Europea en la universidad, hace unos meses, los alumnos matriculados comprobaron con júbilo cómo el farragoso temario de largos temas había cambiado de título por arte de magia (C):

  • Reto 1. El mapa perdido.
  • Reto 2. El trébol de cuatro hojas.
  • Reto 3. El paciente imaginario.
  • Reto 4. El mejor restaurante del mundo.
  • Reto 5. Vente a Alemania, Pepe.
  • Reto 6. Asalto al Banco de Inglaterra.
  • Reto 7. El sobrinísimo.
  • Reto 8. El comité de sabios.

Convertir los temas en historias es la primera fase de un fenómeno llamado gamificación que usted, querido lector, puede empezar a aplicar en sus sesiones para hacer más agradable el aprendizaje mediante el juego en el aula.

Para ello, comience por tener claro qué desea conseguir. La gamificación trata de convertir una actividad tediosa, que hay que hacer sin remedio, en algo motivador y estimulante. Y esta metodología ha llegado a todos los rincones de la formación. Es justo, pues, que usted sepa cómo construir una actividad divertida.39

En el mundo de la gamificación hay dos grandes corrientes en la actualidad: los ludólogos, es decir, aquellos que basan el éxito de la actividad en las reglas del juego, los puntos, los niveles…, y los narratólogos: aquellos que consideran que la historia es la que mueve la dinámica. Una historia bien contada, un argumento bien elaborado, sumerge al formando en un clima legendario, lúdico, imaginativo y épico, que le permite llegar antes al objetivo.