Cómo recuperar la atención perdida

 

Nunc ergo, fili mei, audi me et ne recedas a verbis oris mei.

Ahora, hijo mío, escúchame

y no te apartes de las palabras de mi boca. PROVERBIOS, 5,7

La Psicología define a la atención como una actitud consciente dirigida a la observación de una cosa (un objeto, un proceso, una idea, etc.), gracias a la cual tiene lugar la percepción del objeto.

El formador está muy interesado en conseguir captar de entrada y retener al máximo la atención del auditorio, pues, lógicamente, sin atención no puede haber comprensión, y sin comprensión no puede haber aprendizaje.

La atención está íntimamente relacionada con el interés que el auditorio tenga en el tema del que se habla. Si la asistencia a un curso de formación fuera enteramente voluntaria, si solo asistieran los que están realmente interesados de antemano en el tema del que se va a tratar, la atención, al menos la atención inicial, estaría asegurada.

Pero la experiencia propia nos indica a cuántos cursos hemos tenido que asistir, sencillamente porque no hacerlo estaría mal visto, o porque era nuestra obligación.

El cansancio es uno de los mayores enemigos de la atención. Si pensamos que los asistentes a un curso de formación a lo mejor han abandonado un trabajo que tienen que realizar y que encontrarán a su vuelta, además de los nuevos temas que se hayan acumulado en su ausencia se comprenderá fácilmente la necesidad de adiestrarse en el arte de mantener la atención en todo momento.

En estas condiciones todo formador tiene dos ímprobas tareas que llevar a cabo: la primera, despertar el interés inicial, y posteriormente mantenerlo a lo largo de toda la acción de formación. De cómo suscitar el interés inicial ya se ha hablado en otro apartado; vamos a abordar aquí el mantenimiento del interés a lo largo del curso.

Se puede conseguir el interés mostrando cómo lo que decimos es útil para la persona que escucha, en la medida en que va a resolver alguno de sus problemas.

Ayuda mucho que se hable de una manera ágil y variada desde un punto de vista oral: cambios en el tono de voz, velocidad ajustada al punto concreto de que se trata, pronunciación correcta, etc.

Existen unos remedios de emergencia para recuperar la atención perdida y los presentamos a continuación como un recetario de efectos casi seguros:

  • Cambie de posición. Si estaba usted sentado, póngase en pie.
  • Desplácese. Si hablaba usted pegado a la pantalla de proyección, avance y aproxímese a los participantes.
  • Plantee una pregunta retórica, que haga pensar al auditorio.
  • Cuente un chiste o una anécdota que venga bien a la situación.
  • Introduzca una diapositiva chocante o sorprendente.
  • Escriba una palabra o frase o dibuje un gráfico en la pizarra o flipchart, y continúe su charla refiriéndose a lo que acaba usted de escribir o graficar.
  • Pida a la audiencia que haga algo: por ejemplo, escribir en un papelito una respuesta a determinada pregunta que usted plantea.
  • Aplique un cuestionario de autoevaluación en relación con el tema de que se trate.
  • Mencione una anécdota de una persona conocida por la audiencia.
  • Dé un dato nuevo o sorprendente.
  • Emplee un truco de magia que sea pertinente.
  • Suscite un tema polémico (sin perder el control).
  • Suscite el suspense sobre algo que va a comunicar más tarde.
  • Muestre cómo lo que está usted contando o lo que viene a continuación es útil para la audiencia.
  • Inquiera si hay alguna pregunta sobre lo que se ha visto hasta el momento.
  • Aluda apreciativamente a alguna particularidad local, a algún rasgo favorable del grupo al que usted se dirige.48

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