Aula creativa e inteligente

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Educar en la creatividad es educar

Para el cambio y formar personas ricas en originalidad, flexibilidad, visión futura, iniciativa, confianza, amantes de los riesgos y listas para afrontar los obstáculos y problemas que se les van presentado en su vida escolar y cotidiana, además de ofrecerles herramientas para la innovación. La creatividad puede ser desarrol ada a través del proceso educativo, favoreciendo potencialidades y consiguiendo una mejor utilización de los recursos individuales y grupales dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje. Siguiendo con estas ideas no podríamos hablar de una educación creativa sin mencionar la importancia de una atmósfera creativa que propicie el pensar reflexivo y creativo en el salón de clase. La concepción acerca de una educación creativa parte del planteamiento de que la creatividad está ligada a todos los ámbitos de la actividad humana y es el producto de un devenir histórico social determinado. Siguiendo con esta manera de pensar tendríamos un concepto de creatividad acorde con los planteamientos anteriores, que bien puede ser el siguiente. Creatividad es el potencial humano integrado por componentes cognoscitivos, afectivos, intelectuales y volitivos, que a través de una atmósfera creativa se pone de manifiesto, para generar productos novedosos y de gran valor social y comunicarlos transcendiendo en determinados momentos el contexto histórico social en el que se vive. Este concepto, integracionista o conjuncionista, plantea una interrelación dialéctica de las dimensiones básicas con que frecuentemente se ha definido la creatividad de manera unilateral: persona, proceso, producto, medio.

 

Por otro lado, este educar en la creatividad implica el amor por el cambio. Es necesario propiciar a través de una atmósfera de libertad psicológica y profundo humanismo que se manifieste la creatividad de los alumnos, al menos en el sentido de ser capaces de enfrentarse con lo nuevo y darle respuesta. Además, enseñarles a no temer el cambio, sino más bien a poder sentirse a gusto y disfrutar con éste. Una educación creativa es una educación desarrolladora y autorrealizadora, en la cual no solamente resulta valioso el aprendizaje de nuevas habilidades y estrategias de trabajo, sino también el desaprendizaje de una serie de actitudes que en determinados momentos nos llenan de cerrojos psicológicos para ser creativos o para permitir que otros lo sean. 8.2 – El aula Es una comunidad de aprendizaje cuyo objetivo principal es el desarrol o del pensamiento excelente de los alumnos (inteligencia + creatividad) y de los valores de cada uno éstos, que planifican, realizan y regulan sus propias actividades, con la mediación de los profesores, que utilizan métodos didácticos diversificados y proponen tareas autenticas, evaluadas por alumnos y profesores, en un espacio multiuso y tecnológicamente equipado, en el que se vive la cultura de la calidad y la mejora permanente. No hay que luchar contra estos candados, sino trabajar con ellos, teniéndolos en cuenta a la hora de establecer el plan general de reforma. 8.3 – La necesidad del cambio La necesidad de modificar el modelo docente actual para mejorar sus resultados y hacerlo coherente con las nuevas exigencias de una sociedad en vertiginoso proceso de cambio es un sentimiento compartido por educadores, sociólogos, filósofos y políticos. Existe un amplio consenso en que la escuela tradicional no responde ni a las necesidades del hombre de hoy ni a las nuevas expectativas y exigencias de la sociedad del mañana. Algunos se preguntan incluso si estamos ante una crisis de la educación o de la sociedad. La respuesta a esta duda es importante porque las posibles soluciones serían de naturaleza muy diferente.

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La crisis actual y mundial de la educación está provocada también por la duda permanente ante dos preguntas clave: ¿ Para qué y cómo educar de forma eficaz y válida ante las exigencias de una nueva sociedad? La respuesta al para qué educar hunde sus raíces en la filosofía, la antropología y el análisis prospectivo de la sociedad. Aunque no es el objetivo de estas páginas se hará alguna breve referencia a este tema con la intención de enmarcar en su más amplio contexto el nuevo modelo. El cómo educar es el tema que se abordará. No existe educación ni perfeccionamiento personal sin aprendizaje. Mejorar los resultados de este resulta imprescindible para poder ofrecer a los alumnos una educación que les resulte útil para su crecimiento personal y para que puedan contribuir a su integración en la sociedad. Para lograr lo anterior se ocupa un paradigma nuevo: El Aula Inteligente. En la configuración del sistema educativo –Aula Inteligente- se mantienen todos los elementos de la escuela tradicional que, según Segovia y Beltrán (1999)1, aún son validos, suprimiendo aquel os otros que no solamente son inoperantes, sino que incluso resultan contraproducentes. Y se toman en cuenta estrategias innovadoras para mejorar el proceso haciendo posible la individualización de la enseñanza, la incorporación de las nuevas tecnologías, la formación permanente del profesorado y la satisfacción de los alumnos en sus tareas y en su vida escolar. Una de las claves de los resultados del proceso educativo está en el profesor. Y el éxito o fracaso de cualquier innovación depende en gran medida de su actividad al enfrentarse a un nuevo reto. 8.4 –

Sistema educativo

El sistema educativo tradicional Segovia y Beltrán (1999), señalan una serie de deficiencias que se desprenden de los modelos educativos actuales, incluso después de haber sufrido arriesgadas y complejas reformas. · Falta de objetivos claros y explícitos. · Criterios divergentes entre los miembros de la Comunidad educativa acerca de la educación y sus fines. · Escasa autonomía de las escuelas para poder innovar. · Organización Taylorista: ausencia de liderazgo y participación. · Agrupamiento rígido y único de los alumnos de cada curso. · Horario uniforme para todos los estudiantes de cada grupo. · Programa idéntico para todos los estudiantes de cada nivel. · Mínima libertad y responsabilidad de alumnos y profesores en la planificación y desarrollo de las tareas. · Disciplina coactiva. · Barreras profesor/alumno. Falta de identificación y empatía. · Imposibilidad de individualizar el proceso educativo. · Aislamiento del profesor. No existe aprendizaje entre colegas ni trabajo en equipo. · Control del resultado final y escasa atención al desarrol o de los procesos. · Metodología centrada en la enseñanza, no en el aprendizaje. · Poca atención al desarrol o de las actitudes y capacidades de la persona. · Énfasis en la técnica didácticas de la “clase frontal”. · No se aprovechan en el aula los resultados de la investigación psicopedagógica y de otras ciencias afines a la educación. · Mínimo apoyo de las nuevas tecnologías. · Es objetivo prioritario la transmisión de datos, que deben memorizar los escolares. · Incoherencia entre la escuela y la vida. · Desconexión de las tareas y los intereses personales de los estudiantes. · El desarrollo de la inteligencia y la creatividad, el aprendizaje autónomo, el uso de estrategias cognitivas y de la gestión de la calidad no se toman en cuenta en el diseño curricular. · Diseño arquitectónico de las aulas tradicionales como un fuerte impedimento para un planteamiento activo e individualizado del proceso enseñanzaaprendizaje. ·

 

La disposición de los pupitres, hace impracticable el trabajo cooperativo. · El trabajo cooperativo es aquél en el que los estudiantes no sólo aprenden del profesor, sino también de sus compañeros, lo cual a su vez promueve niveles de desempeño más altos en los grupos escolares y una actitud de mayor responsabilidad de los alumnos hacia su aprendizaje y al de los demás. 8.5 – Resistencias generales al cambio Todo cambio suscita ciertas resistencias, unas veces por su propio carácter de novedad y otras por la necesidad de abandonar viejos hábitos adquiridos con el tiempo. Aun cuando el cambio sea aceptado, su propia dinámica genera numerosos problemas que es necesario tener en cuenta si se quiere alcanzar los objetivos previamente señalados. La resistencia al cambio es un mecanismo de protección ante el miedo que produce una modificación profunda como la que debe l evarse necesariamente a cabo para alcanzar mejoras significativas. Es la respuesta del individuo, no siempre voluntaria, ante lo desconocido y normalmente no se explicita, por lo que no es fácil de detectar. El cambio también produce inquietud, con preguntas tales como: -¿Perderé mi empleo con el nuevo proyecto escolar? -¿Perderé poder o status? -¿Tendré que trabajar más? -¿Seré capaz de actuar de acuerdo con las nuevas pautas? -¿Sabré adaptarme a los requerimientos de la integración educativa? Y emitirá una oposición colectiva si se percibe una incompatibilidad entre el objetivo del cambio y las necesidades consideradas como prioritarias para la organización. No hay que luchar contra las resistencias, sino trabajar con el as, para destruirlas. 8.6 – El difícil camino del cambio en el mundo docente En el mundo existen, además otros candados que complican en mayor medida la innovación educativa. La complejidad del proceso educativo: La educación, como teoría y como concepto, tiene múltiples expresiones. No existe un acuerdo unánime sorbe sus fases y objetivos. Cada docente tiene su propia visión del proceso y actúa de acuerdo con su criterio. La educación tiende al conservadurismo: Trata de heredar a la nueva generación los saberes y cultura anterior. La escuela actual, todavía es un escenario al margen de la sociedad a la que debe servir.

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No ha asumido que es un subsistema del mundo social global, y que debe avanzar en sintonía con el progreso y movilidad de este. El desconocimiento de la vida laboral en otros ámbitos: Generalmente, el docente sólo realiza su vida profesional en la escuela. No cambia de sector. No vive otras realidades laborales en ámbitos distintos. Si cambia de lugar de trabajo, lo hace normalmente dentro del sector de la enseñanza. No tiene la oportunidad de conocer otro escenario profesional que el escolar. La creencia que tiene el profesor: De cual debe ser su papel en el aula es una de las grandes resistencias al cambio educativo. Lo curioso es, que esto lo aprendieron en su etapa estudiantil. El profesor, a lo largo de sus años de experiencia, consigue dominar un repertorio de conocimiento, acompañados, a veces, de ciertas técnicas pedagógicas que le ayudan a enseñar mejor. Desde el momento en que se sugieren posibles cambios de contenido y de organización escolar, comienza en muchas ocasiones un aparente dilema: el de la autoridad y el de la competencia. Mantener el orden y la competencia a lo largo del cambio le parece un compromiso no fácil de asumir. La economía de esfuerzo, que las viejas estructuras y los viejos repertorios suponían para el profesor, es un argumento de mucho peso que puede hacerle minusvalorar las ventajas del cambio. Y su consecuencia natural es la resistencia pasiva a la innovación. El aislamiento del docente: Un aspecto curioso de la enseñanza, como tarea profesional, es que se realiza en condiciones tales que ningún otro docente puede observar la tarea que l evan a cabo sus compañeros. La enseñanza es una actividad solitaria; ni compartida ni observada. La consecuencia de este aislamiento incrementa la dificultad de introducir cambios por el simple hecho de que el maestro difícilmente es consciente de su necesidad, ya que ignora otras prácticas distintas a las suyas, mejores o peores, pero que le servirían de referencia para intentar mejorar su desempeño.

La reflexión

Hay una solución, como la tiene cualquier profesional responsable: la reflexión diaria, permanente, sobre lo que hace y desde lo que hace. Profesionalizar la función docente, hace comprender al educador que la trascendencia de su tarea exige su formación permanente y que sólo se superarán los resultados que está obteniendo cuando asuma el riesgo y el compromiso de optar por el cambio, es una tarea esencia para que la innovación alcance el éxito. La estabilidad de las normas escolares: La escuela como reflejo fiel de la vida social, también tiene sus reglas. Las normas escolares establecen la distribución del tiempo, la naturaleza de las actividades escolares, lo que se espera del profesor y lo que debe realizar el alumno. Las expectativas tradicionales: Es bien conocido que las expectativas de los estudiantes y padres respecto a la función de las escuelas y las prácticas que deben l evarse a cabo son habitualmente tradicionales. La mayor parte de los interrogantes que plantea la dinámica escolar: los roles del profesor y del alumno, los márgenes de libertad de los estudiantes, la naturaleza de las tareas y proyectos escolares, los sistemas de evaluación, o los resultados que se esperan, tienen la orientación claramente tradicional y reproductora. Las expectativas de los educadores y las familias de los alumnos van ligadas, por lo general a formas específicas de práctica educativa que pueden estar muy lejos de los nuevos proyectos y reformas impulsados por la experiencia o la investigación. Y si los impulsos de reforma no se ajustan a las expectativas ya sedimentadas de los padres, profesores y alumnos, los nuevos hilos de la reforma difícilmente podrán ir encajando en la trama escolar. La inadecuación de las reformas propuestas: Los expertos proponen reformas generales, seguramente bien fundamentadas pero ajenas a las necesidades de cada profesor y sin conocimiento de las verdaderas necesidades de cada escuela. Las reformas educativas se hacen sin previo conocimiento directo del profesor que va a introducir la reforma, y sin conocer el contexto donde va a tener lugar. En el mejor de los casos, se trata de recomendaciones generales que difícilmente pueden ser eficaces en un ámbito educativo concreto. Este tipo de cambios, difícilmente pueden l egar a ser operativos y eficaces. Las reformas puntuales: La forma en que los propios innovadores plantean el cambio educativo es, a veces, otro factor que dificulta su implantación y su posible éxito en el futuro,

 

No se puede, por ejemplo, cambiar una parte del sistema o modelo educativo dejando intacta otra parte de la que dependía la primera y con la que estaba íntimamente relacionada, como no se puede cambiar sustancialmente el rol de los alumnos sin cambiar igualmente el rol de los profesores del que son una función correlativa dentro de la interacción escolar. La preparación del profesorado: Los resultados educativos dependen de las mujeres y de los hombres que han asumido el compromiso de formar. Precisan de un contexto en que el ejercer libre y solidariamente sus tareas, y sus apoyos técnicos. Pero, sobre todo necesitan estar preparados para cumplir, honesta y eficazmente, su función docente. El escepticismo por los cambios educativos: El deseo de alcanzar un modelo educativo que diese respuesta a las exigencias del desarrollo de la sociedad ha producido, en todos los países, una incesante aplicación de reformas que, al no haber logrado sus objetivos, han fortalecido la rigidez y el inmovilismo del sistema tradicional y creado un fuerte escepticismo acerca de la posibilidad de modificar el funcionamiento del sistema educativo. Este escepticismo es particularmente visible con respecto a las posibilidades de cambio desde dentro del sistema y promovido por sus propios actores. El conformismo social. Las familias, la sociedad, deben tomar conciencia de que la situación actual puede y debe mejorarse de forma significativa. No sólo los profesionales de la docencia deben tener fe en sus posibilidades para el cambio hacia la excelencia. La sociedad entera debe exigir e impulsar la innovación que responda a las necesidades educativas de este siglo. Y en esta toma de conciencia los medios de comunicación tienen que jugar un papel de capital importancia. La falta de modelos motivadores: No se trata de copiar miméticamente lo de vanguardia, sino de tomar en cuenta cómo desarrollan las mejores prácticas. El difícil y arriesgado proceso de cambio debía, hasta ahora, emprenderse en solitario. Pero la toma de conciencia en todos los ámbitos educativos y países de la necesidad de superar la situación actual abre puertas a la esperanza de que, muy pronto, los educadores comprometidos vivencialmente con su tarea y motivados por el deber deontológico de hacerla más eficaz, darán paso a grupos entusiastas que puedan unir sus experiencias para mejorar los resultados de cada una de sus organizaciones.

 

La organización burocrático-Taylorista: Tal vez uno de los rasgos permanentes de la organización de los centros docentes ha sido su «desorganización». Nunca se ha planteado el construir un modelo propio, acorde con sus objetivos y peculiaridades, sino que ha creado su estructura copiando esquemas de otras instituciones. La fragmentación estructural de la escuela: Otro factor de resistencia a la innovación educativa es la fragmentación estructural de la escuela, especialmente a partir de la enseñanza secundaria. De hecho, los currículos están organizados en áreas diferenciadas que hacen difícil la conexión y la interdisciplinariedad de las distintas materias. La escuela no es un hecho natural, sino cultural y, por lo mismo, debe adoptar formatos y modelos distintos a los que lleva manteniendo desde hace siglos para responder a su compromiso con sus alumnos y la sociedad. 8.7 – Anatomía del cambio educativo El sistema educativo debe cambiar a fin de preparar a los estudiantes para que puedan resolver las necesidades más complejas del siglo XXI en el que ellos van a vivir y trabajar. Ahora bien, para el o no basta remodelar o reestructurar el sistema educativo actual, hay que transformarlo. Y éste es un cambio en el pensamiento, la percepción o la conducta de los actores del proceso y desemboca en una manera fundamentalmente diferente de ser. Una transformación del sistema educativo significa una revisión de los objetivos básicos de la escolaridad, la creación de una nueva visión de las cosas y del mundo, y el desarrollo de una nueva cultura como soporte de todos los cambios en el objetivo y dirección adecuados. Es más, cuando se trata de transformar un sistema vivo como la educación, formado por seres humanos, con un objetivo dinámico e interactivo por naturaleza, la transformación debe considerar las personas a las que sirve el sistema y cómo se puede lograr mejor este objetivo. En el caso de la educación, este objetivo debe resolverse en torno al eje vertebrador del sistema que es el aprendizaje y los alumnos que aprenden.

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